Don Nicholas de Omasur, gran amigo del artista, nativo de Amberes, rico comerciante de seda y muy apasionado por la poesía. Este retrato se duplica con el retrato de su esposa, Isabel de Malcampo, actualmente perdida.
Murillo continúa la tradición flamenca y holandesa de retratos dobles insertados en el óvalo. Don Nicolás sostiene el cráneo, un símbolo de la muerte y la resurrección.